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Alguien comentó (fue Pilar) que se podría dividir a los barcos ebrios entre poetas de la profundidad y poetas de la superficie. Me consta que ella revindicó para sí la superficie, tal como quiero hacer yo con este poema, elogio de la superficie.
El pretexto me lo dio una cita de Italo Calvino que siempre me ha parecido la más adecuada para explicar la aporía de la profundidad y la superficie, a saber:
“Sólo después de haber conocido la superficie de las cosas
se puede uno animar a buscar lo que hay debajo.
Pero la superficie de las cosas es inagotable.”
Italo Calvino.
Invito al resto de los tripulantes a pronunciarse sobre tan delicado tema.
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Metódicamente, despacio, quieto. Imperceptible. Trabajar la superficie. La extensión de un grano de arena. Haz. Envés. Haz.
Y vuelta, hasta acabar la playa.
Sin paciencia, no es cuestión
de esforzarse, ni de alcanzar la meta.
Es
abandonar el esfuerzo
cambiarlo por una gota de lluvia, por el monzón en calma.
Es escritura contra la ley del iceberg.
Contra los eucaliptos, las cigüeñas, los zigurats.
Rechazo de escaleras y ascensores, de progresiones, taladradoras, sondas, globos-sonda, avestruces y nudos de ahorcado.
Abolición de los pies en la tierra: orejas en la tierra, nariz y nuca en la tierra, ojos llenos de tierra.
Escritura de los nidos de cocodrilo, de la manta y el tiburón ballena.
Astronomía de amantes tumbados en la hierba,
consistencia de lago tras la primera helada,
cuchillo en la mantequilla
Ríos, claro. Y estepas.
Y desiertos.
Y veleros.
Y cordilleras.
Sí, cordilleras.
Profundidades inversas. Himalayas, Aconcaguas, Apeninos. Palabras-Kilimanjaro, versos-Fujiyama: inaccesibles, eternamente nevados, habitados por sherpas y cóndores. Metáforas en fiordo, en archipiélago volcánico.
Hawai, Fogo, todas las islas de Indonesia. Poemas extraordinarios.
Cartografía: escritura en superficie.
Inagotable superficie de las cosas.
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